DE TRAGEDIAS, DERECHOS HUMANOS, POLÍTICA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN


La recuperación democrática y la recuperación de la política como herramienta de transformación social son, a no dudarlo, dos instancias claves a la hora de cualquier lectura que se pretenda de los hechos políticos del presente. Estos dos elementos, la primera como recuperación de las herramientas del estado y del rol del Estado nacional y sus instituciones, como forma de contrato social que, bajo el imperio de la constitución nacional y sus leyes, nos confiere sentido de pertenencia y valores mínimos fundamentales. La segunda, como formas de elegir representaciones a esas instituciones en los mismos términos de garantía y responsabilidad en los roles y en las gestiones que se asumen surgidos de la voluntad popular expresada en los actos electivos, pero también en las actuaciones directa de actores individuales y colectivos que construyen la realidad del presente. Ambas nutriendo las instituciones, como garantías de esos Derechos y promotora de las participaciones para asumir la responsabilidades ciudadanas. Estos hitos coloca a las ciudadanías en prácticas y ejercicios nuevos de participación que exigen de las instituciones del estado un ejercicio distintos al que se encarno en los escenarios públicos en los años 90 y que fue producto del logro de la dictadura instalada en 1976.

Estos ejercicios distintos deben ser acompañados por cambios de mentalidades, no solo de las personas de la política y del gobierno, sino de toda función del estado (Gobernaciones, Intendencias, Poderes legislativos, judiciales, etc.etc.etc.) y de sus instancias de oposición política y de organizaciones ciudadanas como nexos que canalicen participaciones y generen aporte en ideas y acción, en términos de alimentar la democracia y fortalecer la política como herramienta de construcción transformadora de la realidad Nacional.-

En toda sociedad organizada y que se precie de civilizada, es el valor de la vida humana, el valor central por excelencia. No hay otro valor que el de la vida, sin el cual todo otro valor, todo derecho y todo interés, no tiene sentido alguno. Toda pérdida de vida humana en situaciones “no naturales” o “evitables” constituyen el principal problema de cualquier sistema social, de cualquier organización colectiva. Y cuándo ese valor es violentado, violado, asesinado, surge inevitable y necesario el reclamo por justicia. Justicia que no es otra cosa que la necesaria reparación a las víctimas y las definiciones colectivas que determinan responsabilidades. No es ni mas ni menos que el reclamo legítimo por identificar culpables y responsables, no con ánimo de venganza, ya que no hay venganza que devuelva la vida a los muertos, ni compense de algún modo el dolor de las víctimas (los vivos que quedan despojados de sus seres queridos, por pérdidas que podían haber sido evitadas), sino de la justicia como expresión mínima que determine responsabilidades y atribuya castigos a quienes con esas responsabilidades mal ejercidas, con o sin intención manifiesta, crearon los escenarios y las condiciones para tanta muerte absurda.

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Los sucesos en la discoteca Kheyvis y Cromagnon. La tragedia de Once que movilizo a miles ayer en la plaza de mayo, a un año del luctuoso suceso. Ciertos accidentes viales, cuándo sortean maliciosamente controles públicos o revisiones técnicas de los vehículos. Los derrumbes en edificios que sortean revisiones técnicas de habitabilidad en situaciones que son inadecuadas para asegurar la mínima integridad física y la vida de los residentes. Son solo algunas de las situaciones que reflejan, no solo las falencias y acciones pendientes de las necesarios transformaciones de las mentalidades, ideas y acciones que nutran a la política en el ejercicio que al interior de cada institución del estado, de cada organización política, y de cada instancia de acción y gestión pública, defina claramente roles y responsabilidades, para convertir definitivamente en herramientas sociales aptas para la transformación de nuestra patria en otra mas justa y solidaria.

Las Dimensiones del problema.-

EL caso concreto de la tragedia ferroviaria que ayer convocó a una nutrida concurrencia y que dejará el terrible saldo de 51 fallecidos y mas de un centenar de heridos de diversas consideraciones, ponen de manifiesto de modos dolorosos y crueles,el ejemplo claro de tales situaciones. Pero también, evidencias de que la madurez de la democracia y el avance de la política como herramienta de transformación generan señales evidentes de esos cambios de mentalidad y de acciones que deben profundizar sus  acciones positivas y corregir aquellos aspectos negativos que aún se resisten, desde las formas y prácticas viejas, a pretender sostenerse y permanecer.

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A un año de la tragedia y ya elevado a juicio oral y público, la causa judicial, permiten distinguir claramente diferencias con los 90. El desvanecimiento del proteccionismo político a los funcionarios responsables del área del estado encargados del control de las empresas a cargo del servicio ferroviario, la importancia de las movilizaciones y acciones ciudadanas como dinámicas para forzar direcciones políticas y los rumbos de acción del estado y la exposición pública y el debate ciudadano de estos temas que tienen que ver con hechos luctuosos, que no son frutos del azar o la desgracia, sino de la imposición de lo económico y lucrativo por encima de ese valor central que es la vida humana. Derrumbando así lógicas burocráticas o de tensiones sectoriales que en otros tiempos impedían investigaciones y acciones concretas de la justicia para esclarecer los hechos e imputar a los posibles culpables, siendo estos aún, parte del gobierno o de instancias administrativas del estado nacional, que permitirán, durante el juicio y a través del fallo al que se arribe, establecer responsabilidades según los roles asumidos, no solo en lo público sino también de aquellos empresarios responsables de las concesiones de los servicios de transportes, que surgen al amparo de las “subastas” que el estado realizó en los 90 , inmolando capacidades de control y de cuidado y protección de los ciudadanos en el altar de la competencia privada y el libre mercado.

No se trata aquí de legitimar ciertos discursos opositores, que lejos de empatías con las víctimas y la sincera búsqueda de memoria, reparación y Justicia, desvían los legítimos reclamos de quienes sufren las ausencias y lloran las muertes evitables, utilizando estos hechos como “pancartas” en contra de Cristina y del gobierno, en lugar de ubicar los reclamos en el correcto escenario donde lo político alcance madurez en su recuperación social como herramienta de transformación para trocar el dolor en justicia, el llanto en memoria activa y las muertes sin sentido en muertes con sentido que permitan acciones de plena justicia que eviten repetir tragedias y extender el NUNCA MAS a los muertos por muertes evitables.

Para el gobierno, como lo esta haciendo a pesar de las arengas contrarias, significa asumir plenamente su cuota parte de responsabilidad y culpa, colocando a cada instancia institucional en el rol que le corresponde , no protegiendo a los funcionarios responsables, facilitando la labor de la justicia y corrigiendo las gestiones y administración de los servicios que son de responsabilidad de sus áreas de injerencia.

De las oposiciones se exige la responsabilidad de los controles (Parlamentarios y ciudadanos) y la propuestas de alternativas que canalicen descontentos y agrupen miradas de gestiones diferentes que puedan ofrecerse como alternativas a las actuales gestiones y direcciones.

De sensaciones y construcciones mediáticas

Un aspecto no menor se desprende de las lecturas que se hacen de los hechos y sucesos colectivos masivos, convocantes y que apelan a reclamos sentidos y sensibles de las ciudadanías en relación con los Derechos Humanos, el valor de la vida y la centralidad de este valor, por encima de pujas por el poder, por la imposición de intereses sectoriales o individuales o por sentimientos antigubernamentales, que no se condicen con la búsqueda sincera de verdad, reparación y justicia.

El acto de ayer, mas que como acto reivindicatorio, es claramente un hecho político de envergadura que, en aguas turbulentas y en estos escenarios de transformación estructural, permiten ser comprendidos y dividir las aguas de modos claros y diferentes a los que la pretendida prensa opositora pretende instalar, acompañada por ciertos sectores sociales y de la oposición política, que buscan posicionarse y legitimar opciones que nada tienen que ver con los reclamos de la víctimas y que utilizan y se aprovechan de su dolor y sensibilidades. En estos sentidos, las mismas acusaciones que a la inversa se hacen del gobierno con respecto a la justicia, la memoria y la verdad, en los juicios que involucran a asesinos y genocidas de la dictadura, atribuidas a “manipulaciones” o apropiaciones de carácter negativo alejadas de las verdaderas intenciones de reparar injusticias a partir de la justicia, sostener la memoria para el NUNCA MAS, y que de una ves por todas la verdad ilumine tanta tragedia, tanta impunidad y tanta muerte, se pueden hacer hoy con respecto a las lecturas sesgadas y “solidaridades” con intencionalidades diferentes a las explícitamente manifestadas, por parte de opositores políticos, Prensa Corporativa y los sectores económicos que ven con preocupación que cada ves con mas frecuencia acompañan en el banquillo de los acusados a los funcionarios del gobierno de turno. Esto confirma el cambio de centralidad de lo económíco a lo humano, y el cambio de mentalidad que acompaña tales dinámicas institucionales y sociales.

Esta centralidad de lo humano ubica al acto de ayer en el correcto lugar de la memoria colectiva y de las exigencias de determinar responsabilidades y castigos. Y permite la separación clara de los intentos anti-democráticos, anti-k y cualquier anti que se intente posible frente al reclamo de verdad, reparación y justicia.

Esto no significa desconocer o negar las responsabilidades del gobierno nacional en el caso. No implica que se deberán asumir como corresponde los resultados que la justicia determine como errores o carencias de los actos de gobierno o delictivos de los individuos, como negligentes y / o corruptos en el ejercicio de sus funciones públicas.

Estas divisiones trazan de forma clara y de formas no binarias y polares, las visualizaciones y justos reclamos, de aquellos otros que utilizan razones justas para imponer intereses sectoriales, corporativos y privados.

Una de las críticas mal intencionadas que se han repetido ayer y hoy, tienen que ver con la batalla cultural y esos cambios de mentalidad necesario para procesar lo nuevo en búsqueda de otras positividades que construyan el futuro de modos mas dignos, y que permitan el juego de las disputas políticas en escenarios mas solidarios y del respeto, precisamente, hacia las víctimas y hacia las búsquedas de verdad y justicia. Esas críticas dan cuento del poco espacio televisivo que ocuparon, en los canales oficiales, el acto de ayer. No es diferente al tratamiento que hicieron de otros actos masivos y no tanto de oposiciones de variadas tintes y contenidos. Esta batalla cultural librada en los espacios mediáticos donde se construyen imaginarios colectivos y se manipulan sensibilidades sociales según maniqueas concepciones que alimentan escenarios polares y binarios entre medios afines al gobierno y el gobierno mismo, contra la mentida prensa independiente y la oposición política que, atada a sus formas viejas que no puede trascender con opciones nuevas, creativas que no legitime el discurso anti-política que le nutre en esencia, transformando a estas oposiciones en idiotas útiles de causas, que aún sin conciencia propia, conspiran con su propia existencia, en tanto se definan “políticos de oposición”. En estos sentidos el modelo TN de cobertura del evento que, montado cual show televisivo, explotó las consignas anti-k al máximo de lo posible, en un marco de claro contenido anti-político (Haciendo énfasis en las participaciones sin banderas partidarias que le quitaban ese contenido político que los propios oradores del acto le infundieron : Este no es un acto politizado, es un hecho político”, leyó Paolo Menghini, padre de Lucas, fallecido en el choque del tren hace un año.” ) y ninguneando, fiel a su rol, las referencias a las responsabilidades empresarias.

Una nueva visión forma parte de las argumentaciones que es imprescindible dar para desbaratar otras intenciones, toda ves que en tiempos de internet y redes sociales, es imposible, inútil e ilusorio pretender minimizar un hecho político de las dimensiones de lo ocurrido ayer. En estos tiempos, celulares, redes sociales, cámaras de fotos digitales, permitieron y permiten acceder a lo que ocurre en tiempo real y dimensionar, de sus actores directos, la magnitud y el alcanza que los hechos suscitan y promueven. En realidad aquí se impone una falacia como instalación del “presagió” nefasto que significará la plena vigencia de la ley de medios K, no cubriendo actos opositores. La realidad es bien distinta: es imposible, ingenuo y hasta contrario a los propios intereses políticos negar eventos de envergadura que tienen alcance masivo, sea por los medios corporativos o por las TICs.

Al inventado “cepo o cerco informático” (Imágenes claramente asociadas a la inaccesibilidad de comprar libremente dolares o a los controles a precios y a margenes de comercialización de los Sojeros amigos del multimedio) como relatos contra el gobierno que circulaban por estas mismas redes sociales, se trata de contraponer, en esos mismos términos de batalla cultural y de invocación a sentidos y sensibilidades nuevas de las producciones mediáticas, a respetar el genuino dolor y el derecho a expresión de las víctimas, en lo que como noticia, debiera ocupar el espacio informativo (Cuándo se trata en términos informativos y no en producciones de shows mediáticos que permiten otras intenciones montadas sobre las legitimas que se muestran como vehículo de aquellas).

Otro aspecto no menor es el respeto a las instancias constitucionales y a los roles funciones institucionales. La Causa ya fue elevada a Juicio oral y público y es tiempo de jueces y fiscales, no de la acción y gestión de gobierno, La manipulación de los datos puede perjudicar el debido proceso judicial y afectar su desempeño como poder independiente del gobierno, mucho mas cuándo, precisamente, son funcionarios del gobierno parte de los acusados/procesados en la causa.

El tercer argumento tiene que ver con que las respuestas que debe dar el gobierno es la de asumir las propias responsabilidades no protegiendo a los funcionarios pasibles de sanciones y a través de las acciones concretas (Que las esta llevando adelante y tienen poca y casi ninguna repercusión en los mismos medios que armaron el show de ayer) que corrigen y mejoran el funcionamiento de los servicios de transporte ferroviario, como formas de evitar que estos hechos se repitan en el futuro. Esta forma de orientar la acción de gobierno permite, no solo el reconocimiento de los errores propios asentados en el respeto y el reconocimiento que no hay palabra oficial que pueda reparar el dolor de la tragedia y al mismo tiempo desnudar las manipulaciones de quienes atizan discursos anti-gobierno y anti-política a partir de intentar imponer sentidos propios a manifestaciones populares que expresan sentidos claramente distintos a los mediáticos

Para que quede claro.-

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Acá hay que ser muy claro en los conceptos y muy enfáticos en las afirmaciones. Se trata de reivindicar la justicia del acto y del reclamo de las víctimas. Defender el legitimo derecho de estas a expresar sus críticas y descontentos de manera pública y masiva como pudieron hacerlo y acompañar las voces por el NUNCA MAS y la exigencia de memoria, verdad y justicia, frente a los hechos, que llevan implícito como denuncia y demanda, la exposición pública de errores de gobierno, de negligencias y mala praxis de los funcionarios que tenían responsabilidades administrativas y de gestión, con la misma fuerza que se deben desbaratar intenciones opositoras y pretendidas lecturas mediáticas que apuestan a la anti-política, defienden y ningunean responsabilidades privadas empresarias y corporativas e intentan transformar un clamor por el Derecho Fundamental a la vida que debe ser defendido y respetado por encima de cualquier lucro o negocio, en un clamor contra el gobierno y su gestión. Se niegan sistemáticamente la referencia a como se originó el grupo Cirigliano en los 90 y su responsabilidad en la tragedia. No se hace cargo la oposición de las instancias parlamentarias y de control que, como siempre, solo utilizadas como alimento mediático para posicionarse contra el oficialísmo, nunca ejercieron presiones o acciones reales judiciales y administrativas para que los controles se efectúen y las exigencias a inversiones en seguridad a la empresa adjudicataria de la administración de los servicios,  se concreten.

La justicia, la verdadera. Aquella justicia que merece luchas y esfuerzos individuales y colectivos , es aquella que transforma el dolor en acciones concretas que sitúan responsables y responsabilidades, que buscan correcciones individuales e institucionales y que apuntan a devolver la centralidad humana a lo político , desplazando los intereses corporativos, sectoriales y económicos de cada una de las instancias de ejercicio de lo público, de gestión y administración política de un estado a través de su gobierno y demás instancias democráticas. Se trata de privilegiar los DDHH por encima de cualquier otro derecho y en especial de los intereses económicos y corporativos y de colocar la vida, la memoria y la justicia por encima de toda acción que propone y resulte en muerte.-

Daniel Roberto Távora Mac Cormack

Febrero 23 de 2013

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Una respuesta a DE TRAGEDIAS, DERECHOS HUMANOS, POLÍTICA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

  1. Óptimo artículo, rebien redactado.

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