Homonimias


 

         Pensando en los días de ayer y de hoy, recorriendo efemérides en las cuales descubrirnos compañeros de un viaje interminable hasta lo interminable de los tiempos, entre nosotros, humanos pensantes en este tiempo y en este pedacito de tierra y de cielo en el que nos toco transcurrir, y a razón de parte de nuestra historia negada y mentida en los textos escolares que nos enseñan “descubrimientos” de estas tierras,  cuándo estabamos en ella desde muchísimos siglos antes. Precisamente hoy, en esta fecha, pero parte de esa conciencia histórica negada y mentida, es el día en que algunos de esos “invisibles” que poblaron estas tierras, comenzaron a contar el tiempo.

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          Un 11 de agosto de 3014 a.de c., según los cálculos tenidos por ciertos, (Aunque algunos los sitúan en el 13 de agosto) comienza la Cuenta larga que es la denominación de un calendario vigesimal no repetitivo, empleado por varias culturas de Mesoamérica, especialmente conocido por los registros mayas que emplearon este sistema, aunque las inscripciones más antiguas proceden de Chiapa de Corzo, Originalmente poblada por la etnia Soctona, llamados por los Aztecas como Chiapas, lo que significa “agua que corre debajo del cerro” . Su amplia difusión en la región maya ha ocasionado que sea conocido erróneamente como calendario de cuenta larga maya. Empleando una cuenta vigesimal modificada.

          En tanto que la cuenta larga no repite nunca ninguno de los días —a diferencia del calendario de 365 días de uso común en toda Mesoamérica, que se repetía cada 52 años—, fue empleado para registrar sucesos importantes en la vida política de varias ciudades, especialmente en el sureste de Mesoamérica.

          Parece que esto de contar el tiempo no fue un invento européo o Cristiano, y en relación de las cuentas y cuentos de la historia, homonimia por demas interesante toda ves que las matemáticas se enraízan en los relatos de la historia como memoria viva de eso mismo que contamos de modos orales, verbalizados o simbólicos y escritos en letras y números que nutren las distinciones.

          De acuerdo a la interpretación de algunos artistas y teóricos de la Nueva Era (como José Argüelles, John Major Jenkins y Daniel Pinchbeck) uno de los mitos cosmogónicos que sobrevivieron a la conquista europea fue la creencia de que el mundo había sido creado y destruido en varias ocasiones y que el mundo, tal como lo conocían, correría igual suerte. En algunas inscripciones calendáricas en el sistema de cuenta larga, encontradas en antiguas ciudades mayas como las correspondientes a los monumentos de Quiriguá y Cobá, la fecha de la conclusión de la presente era cosmogónica —siempre desde el punto de vista de las religiones mesoamericanas— correspondería al último día del baktún decimotercero, es decir, a la fecha 12.19.19.17.19 (20 de diciembre de 2012).

          Pese al mito alimentado del fin de los tiempos pre-dicho en este calendario, Antropológos y científicos que estudían el tema intentaron aclarar con no mucho éxito por cierto, las falacias de estas argumentaciones. Y sabemos por cercano y otras no tanto, que no son nuevos los intentos por establecer finales a la historia, al tiempo, a la vida y al trasncurrir humano en este planeta. Desde el tan absurdamente manipulado Apocalipsis biblíco, hasta el experimento trági-cómico de la novela radial de Orson Wells: “La guerra de los mundos”; Desde la Caída de Imperios poderosos que leían en su propia destrucción y en el ocaso de su existencia el ocaso de la humanidad toda, hasta los mas cercanos peligros de que alguien apretara el famoso “Botón Rojo” y estallarán por doquier bombas nucleares que terminarían con nosotros, habitantes de dos pies, dejando de pisar estas tierras. Desde el mas cercano fin de la historia y de las ideologías, que ante la caida del muro y el fin de la guerra fría imponía la idea de una humanidad única, global, Capitalista, a estos presentes de disrupciones y quiebres de las conciencias únicas en expresiones múltiples y diversas históricamente acalladas, sojuzgadas y silenciadas frente a la prepotencia de quienes se creían con el poder de anticipar fines y comienzos de humanas existencias.

          Estas metáforas de las incapacidades humanas por figurarse finales que siempre se desean, perciben o creen cercanos como que los primeros Cristianos creyeron en esa segunda venida próxima a sus días y aquí estamos, crucificando Cristos todos los días sin verlos ni darnos cuenta, pero respirando y viviendo como aquellos que creyeron que el final estaba cerca.

La riqueza de la semántica:

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          Contar viene del latín computare, del que proviene también el cultismo computar.

          Lo curioso del caso es que también dio lugar en castellano a cuenta, ‘bolita ensartada’, por aquello de que las bolitas del rosario católico servían para llevar ‘la cuenta’, con lo que se cierra un curioso círculo: de cálculo, cuenta del ábaco, vino el cálculo matemático; y de la cuenta matemática, la cuenta como abalorio.

Contar v. tr.

1 Enumerar consecutivamente la cantidad de elementos que hay en un conjunto.

2 Expresar los números ordenados consecutivamente: mi hijo solamente sabe contar hasta tres.

3 Tener una edad: el joven campeón cuenta tan solo dieciséis años.

4 Explicar una historia real o inventada. narrar.

5 Considerar una cosa según la importancia, clase u opinión que le corresponde: en el trabajo que tengo que entregar cuenta mucho la presentación.

—v. intr.

6 Considerar a una persona o cosa útil, conveniente o de confianza para algo: cuento contigo para que me ayudes a pintar el piso.

7 Tener o disponer de una cualidad o de una característica: esta moto cuenta con un potente motor.

          Por demas interesante resulta la triple significación de la palabra Contar, en términos matemáticos concretos que expresen las ideas de los números o cantidades, en términos matemáticos mas abstractos que refiera a numeraciones de valor, jerarquía o impartancia; y en términos de utilidad práctica como relato para comunicar una y otra cosa. Contar los días no solo significa expresar el número o las cantidades sino y también los relatos de los sucesos que los acompañan, Precisamente los calendarios son la expresión unificadora de la diversidad expuesta.Contar los días no tendría sentido sin contar lo que sucede en esos días como interpretación del transcurrir y de los aprendizajes que somos capaces de asimilar y de la importancia que estos adquieren para ser transmitidos a las generaciones que nos siguen.

          Las distinciones se diluyen cuando caemos en la cuenta -Otra sutileza del lenguaje- que los números sin narrativa no tienen escencia, carecen de alma, les falta ese álito de vida que les confiere presencia en un tiempo y en un espacio determinado y como fuente inacabada de aprendizajes históricos que vienen de siglos de experiencias de otros pieces que caminaron la tierra, de otros brazos que la trabajaron y otras mentes que las pensaron en presente, pero también en sus pasados y futuros, quizás imaginándonos parecidos en mucho, poco o nada a lo que realmente somos.

Cuentas de vida o cuentas de muerte

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          Como parte de la existencia propia y de la historia misma, toda cuenta es al mismo tiempo cuenta de vida y cuenta de muerte. Se cuentan los dias de la existencia y se cuenta como se ha existido en esos días desde el nacimiento hasta la muerte de lo propio o de aquello que existió de alguna manera y ya no existe como tal. Nunca mas actual semejantes pensamientos hábida cuenta -Otra sutileza ¿Y van? – de la centralidad de lo económico sobre los otros aspectos tanto o mas valiosos para la vida, pasada, presente y futura, que se somete a sus dominios, al imperio de lo rentario y de las matemáticas financieras y de las cuentas bancarias. Si algo de cierto y disrruptivo tienen los presagios calendarios de los mesoamericanos de antanio, nuestra pre-história e historia, negada mentida y asesianada por una educación que nos enseña como extraños en nuestra tierra, es precisamente eso de que estos tiempos son tiempos de cambio. Y todo cambio implica el fin de algo, pero el comienzo de algo nuevo.

         La vida y la muerte desaparecen para surgir nuevas en nacimiento y muerte como parte eterna de la vida inacabada, omnipresente, incontable en cualquiera de sus tres acepciones.- La muerte cuenta tanto como el nacimiento y ambos cuentan lo eterno y sin tiempo de la vida como expresión conciente de lo que existe. Porque es el tiempo un discurrir, una pequeña asequía que se convierte en torrentoso río para dar al mar su contenido y construir inmensos océanos de vida. De una vida que por eterna se alimenta de igual modo, de los pasados presentes y de los presentes futuros, ya que cada presente es el paso constante de uno hacia otro, e intentar contar el tiempo no es mas que el esfuerzo de contener los ríos con nuetras manos.-

Daniel Roberto Távora Mac Cormack

Agosto de 2012

 

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