La transculturalidad y la búsqueda de la propia identidad.


En las lecturas ideologizadas de los años 60 y 70 se advertía sobre la imposición de pensamientos polares en confrontación, que suponían una lógica unívoca de pertenencia a una u otra corriente. Pretendidas terceras posiciones siempre terminaban siendo  asociadas mas hacia un lado que hacia al otro y las siempre difusas categorías de centro-izquierda y centro-derecha, terminaban en confusas ambigüedades  o en decididos alineamientos a uno u otro extremo del pensamiento. En esos contextos, el avasallante impulso multimediático  en una u otra dirección según se tratase de las ciudadanías a uno u otro lado del Muro de Berlín, aparecían como fuerzas centrifugas que aspiraban hacia si todo pensamiento social, todo comportamiento comunitario y toda concepción del ser social en cualquier lugar del planeta, despreciando y desestimando el valor de las creaciones particulares en los lugares específicos. La inminente y brutal peligrosidad con que se pintaba desde cualquiera de los dos bandos en conflicto, el gravísimo peligro que representaba para todo el planeta la instauración de uno u otro regímen para las poblaciones humanas, hacían ilegítimo y vanal, cualquier intento por valorizar lo propio de las concepciones nacionales, o de comunidades mas pequeñas. De valores de grupos o sectores que alentaban diversidades diversas y visiones muy diferentes a las polarizaciones del mundo. La caída del muro presupuso el imperio de una verdad global y la instauración de un sistema planetario, que sin embargo, y al poco tiempo devino en dinámicas que las tecnologías propiciaron, vaya paradoja, desarrolladas dentro de las teorías y postulados de la ideología vencedora y globalmente dominante, que producen en el presente la maravillosa irrupción de concepciones, ideologías esbozadas y en construcción o ancestrales y negadas por la polarización pasada, que irrumpen cual mapa escondido y mantenido en secreto por decenios, en una realidad que por  global  confunde a vencedores y vencidos, que generá actores sociales nuevos y dinámicas nuevas de “entenderse en el mundo” y de construir individualidades diversas en medio de conciencias globales, valoraciones relativas de los propio, articulando con unos pocos valores de aceptación global que permitan desarrollos mas igualitarios y el ejercicio de los derechos que permitan a cada quien, individual y colectivamente, construir identidades propias e igualmente legitimas y valoradas que otras diferentes con las que se pueda convivir en armonía y que cada quien pueda desarrollar sus humanas cualidades en libertad y en el respeto por la libertad de otros. En la  no confrontación y la resolución pacífica y dialógica de los conflictos. En la imposición de la razón y del conocimiento por encima de los impulsos de imponer y dominar.  En aquellos años de “guerras ideológicas” en torno a posturas polares y extremas, la información y la comunicación aparecían cohesionando voluntades hacia uno u otro extremo, destruyendo particularidades y diferencias, negando matices y gamas, diluyendo tonos e intensidades, variadas formas de combinación de luces y sombras. Toda esta increíble manifestación de lo distinto, de lo particular, de lo humanamente variable y posible de la acción creativa, irrumpe en un tiempo distinto donde nada permanece quieto y donde lo que somos como diferencia genera nuevas formas de relaciones a partir de la crítica y autocrítica y de la valoración de lo propio en el juego dinámico de las construcciones que buscan equilibrarse y coexistir sin destruirse. Yo puedo ser yo, individuo y colectivo, sin necesitar que los otros se me parezcan o se igualen a mi. Por el contrario, el valor de mi identidad particular radica en lo que de distinto tengo con el otro y en lo que de nuevo puedo aportar para el otro en las construcciones sociales, los idearios colectivos y las acciones prácticas de cada uno de nosotros habitantes de un multicultural abanico de humanidades diferentes y diversas.- La transculturalidad aparece entonces, no como elemento que atenta o pone en peligro mi propia cultura y mi propia identidad, si no como relatividades complementarias que me ayudan a resolver a diario que es lo que me pertenece, me identifica, me hace ser yo mismo, en este tiempo y en este lugar,  no solo en lo diferente, sino en lo que de común tenemos como humanas criaturas que no solo deambulan el planeta, sino que construyen pertenencias con  la tierra, con el pequeño espacio en los que desarrollamos nuestros  pedacitos  de vida individual y colectiva.-

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